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November 18, 2015

EL MUNDO POSIBLE DE LA CIENCIA FICCIÓN

No es extraño encontrar en los graves y pesados estudios sobre literatura alguna referencia a la Ciencia Ficción, generalmente calificada allí como "Literatura menor" o "poco seria". La mayoría de estas investigaciones sobre la narrativa aún no se percata de que la Ciencia Ficción es otro género

válido en el universo literario. Como cualquier otro, puede estar bien o mal escrito, así como existen formidables películas policiales y también las hay mediocres. no por ello el "género policial" es en sí despreciable, igual como en el teatro no lo es el "melodrama". Quizás una inagotable serie de malos cuentos y peores novelas de Ciencia Ficción le han cubierto de su fama sospechosa. 

Ni los propios adictos a la Ciencia Ficción, ni mucho menos los teóricos, han podido lograr un consenso para definir este particular género. Porque la Ciencia Ficción no es sólo el reino de la fantasía o la maravilla desorbitada. Pocos se atreverían a calificar de Ciencia Ficción a ALicia en el país de las maravillas, justamente. Allí su núcleo es la especulación de lo fantástico, pero su género es probablemente otro. Tampoco lo son Los viajes de Gulliver, aún cuando su imaginación es desbordante. Pareciera que en el centro mismo de la Ciencia Ficción debe existir un mínimo de especulación científica, sobre datos conocidos, que se relacionan y dan un resultado probable. Por ello, quizás, su nombre más adeucado se "Literatura de anticipación". NO es su ambientación y decorados futuristas, como tampoco el uso indiscriminado de términos físicos o químicos, si no el desarrollo coherente de cierta especulación sobre datos posibles y conocidos.

Ya en el siglo segundo, según recuerda Jorge Luis Borges, Luciano de Samosta compuso una Historia verídica, que contiene una descripción de los selenitas -probables habitantes de la luna- quienes hilan y cardan los meales y los vidrios, se quitan y se ponen los ojos, beben zumo de aire o aire exprimido. Después, en el siglo XVII, Kepler escribió un Somnium Astronomicum y también se refiere a la Luna, donde unas serpientes se guarecen en profundas cavernas y salen al atardecer. Entre el primer y el segundo autor hay mil quinientos años de Historia y una diferencia básica: el universo narrativo de Luciano de Samosata es esencialmente fantasioso, basado en la libre descripción y la invención. Kepler, en cambio, aspira a un mínimo de verosimilitud. Quizás allí radique al diferencia propia del género de Ciencia Ficción: su afán por se creíble y probable. NO otra intención animaba a Julio Verne, inventor de viajes espaciales, submarinos y sistemas para evitar la gravitación.

Ha sido Ray Bradbury quien en nuestra era universalizó el género y le dio categoría mayor. Bradbury, norteamericano (1920-2012) publicó en 1946 sus Crónicas Marcianas, lectura obligada en colegios de casi todo el mundo y cuya vigencia y frescura siguen imperturbables hoy. Crónicas Marcianas une el mundo científico de lo posible -una expedición de terrestres a Marte- con un sentido humanista y trágico de nuestra civilización. El choque de ambas razas deja sutiles lecciones a los terrestres y renueva mitos literarios tan antiguos como el de Proteo. Después, Bradbury ha publicado la novela Fahrenheit 431, llevada al cine por Francois Truffaut, donde un tiránico gobierno mundial prohíbe la lectura y solo alimenta a sus habitantes de dudosas imágenes televisivas. Los relatos de Bradbury han seguido entusiasmando a públicos de todos los idiomas: El vino del estío, Las doradas manzanas al sol, El hombre ilustrado, etc.

Convencido de la deshumanización del hombre por la máquina, Bradbury ni siquiera usaba timbre en la puerta de su departamento: un letrero indica al paseante que todavía puede usar sus nudillos para llamar. Esta convicción se retrata en sus cuentos, donde un fondo pesimista oscurece casi siempre las posibilidades de solidaridad, amor o desinterés.

Isaac Asimov es el otro escritor de Ciencia Ficción que ha dignificado al género. Maestro de la divulgación científica -ha escrito obras como El universo, Breve historia de la Química, Enciclopedia biográfica de ciencia y tecnología, etc.- Asimov ha unido sus conocimientos de investigación a la narrativa, alcanzando popularidad con novelas como Las cuevas de acero y El sol desnudo.

La fantasmagoría y el fantaseo de la Ciencia Ficción pueden pasar quizás a un segundo plano, incluso las fronteras de lo probable y lo coherente se pueden olvidar. Queda, en el fondo de sus relatos, una cantidad determinada de temas que se redactan y rerredactan desde simpre en la literatura, pero que la Ciencia Ficción los ha proyectado fuera de nuestro espacio y nuestro tiempo. Obsesivamente, en efecto, estos cuentos ponen una nota de alarma frente a la destrucción irracional del planeta, resaltan valores eternos como el amor, la solidaridad, la paz entre los hombres, la aventura de lo fantástico, el desinterés por un materialismo agobiante o la angustia por futuros sistemas inhumanos de dominación. Estadísticamente, son los habitantes de lejanas galaxias los que dan lecciones morales a los terrestres, y los odios y rencillas de éstos no tienen cabida en otros planetas, habitados, supuestamente por espantosos seres. En 30 días tenía septiembre *, un androide, la señorita Jones, ha acumulado en sus baterías, correas, cintas de grabación y materiales artificiales, el soplo vital de una colina o el olor del otoño. Cuando se ha perdido el contacto de un pupitre y la esposa del protagonista anhela solo poseer un Cadilette, ese robot guarda todavía lo que en el mundo del futuro se perdió. Quizás ese llamado de atención sobre una carrera desenfrenada en el mundo actual, sea aún lo privativo de la Ciencia FIcción.

Juan Andrés Piña

 

* 30 días tenía septiembre- cuento de Robert F. Young (1915-1986). Es habitual ver en sus relatos historias románticas combinadas con elementos de ciencia ficción, así como sátiras y críticas, por ejemplo en Treinta Días tenía Septiembre (Thirty Days Had September, 1957), hacia la sociedad moderna y de consumo desarrollada sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

 

 

 

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El planeta salvaje

(en francés La planète sauvage) es una película francesa animada de ciencia ficción de 1973 dirigida por el francés René Laloux. Es hoy uno de los grandes clásicos de la animación europea. A través de una historia de ciencia ficción, el film nos sumerge en el drama de dos sociedades enfrentadas entre sí, a través de la opresión, y en el incierto destino al que se enfrentan, abocadas a la propia destrucción.

A destacar, además de la trama, la impactante estética que presenta, heredera de los cánones de la época y el lugar en que fue creada.

Fue un film coproducido por Francia y Checoslovaquia y distribuido en Estados Unidos por Roger Corman. Ganó el premio especial del jurado en el Festival internacional de Cannes de 1973. La historia está basada en la novela "Oms en Série", del escritor francés Stefan Wul.

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Revista Días Extraños (2002) de ciencia ficción editada por Víctor Raggio

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